Notas de una joven documentalista en La fémis

Un regard pas à pas emerge del trabajo de escritura emprendido durante los nueve meses que duró la formación Atelier documentaire-2009 de La fémis, un prestigioso proyecto formativo que cada año selecciona a 12 participantes para realizar su proyecto documental. Antes de iniciar el curso, el trabajo de investigación llevado a cabo para mi tesis doctoral me había permitido conocer en profundidad la valiosa obra del fotoperiodista Agustí Centelles. Además, había asistido a la mayoría de las exposiciones que le rendían homenaje y contaban la historia de la maleta repleta de fotografías emblemáticas de la guerra civil que el fotógrafo salvaguardó en Francia, durante su exilio. Por otra parte, sus hijos, Sergi y Octavi, me habían mostrado imágenes, algunas inéditas, que el fotorreportero, o, mejor dicho, el refugiado, tomó durante su internamiento en el campo de refugiados españoles de Bram, y me dejaron leer el diario que su padre fue escribiendo a medida que atravesaba la frontera en 1939. Todo este ‘conocimiento’ y, en parte, mi propio recorrido profesional como investigadora, me impedían ver más allá de los hechos históricos y de la biografía del reconocido fotógrafo. No encontraba la forma de contar la historia. Repetía sin cesar a mis compañeros y tutores que no tenía relato, no había película. En uno de los trabajos propuestos por el Atelier, me dispuse a filmar las imágenes mostradas en la exposición del Jeu de Paume en París. Cuando entré tuve la sensación de estar en un santuario. Al pasar de una sala a otra con mi cámara, veía las fotografías mezcladas y desnaturalizadas. Las imágenes se acumulaban, lo que las privaba de su sentido original, hacía desaparecer el punto de vista del artista, el sentido de su vida. A base de retrospectivas y de conmemoraciones, me di cuenta de que se estaba olvidando un momento esencial de su vida: el día en que decidió no volver a tomar fotografías.

25 de enero de 1939: “¡Triste panorama el que se ve desde la carretera! Tengo un nudo en la garganta. “¡Mi alma de fotorreportero ha desaparecido y ya no me siento capaz de descender del camión o de tomar fotografías desde allí arriba!”.

Filmé estas frases y sentí que en ellas residía la historia. ¿Por qué se resistió a mirar -y a mirarse- cuando huía de su patria y se refugiaba en Francia? ¿Por qué no pudo hacer otra cosa que escribir en su diario? Para comprenderlo tengo que rehacer el camino, seguir el hilo de sus palabras. Mostrar con imágenes la ausencia de imágenes, las fotografías que nunca realizó. Su diario (sus palabras, pero también las huellas de éstas, como las tachaduras o las pequeñas marcas de los granos de arena) guiará mi itinerario, aguijoneará mi sensibilidad. Éste me conducirá hasta el campo de Bram donde, tras dos meses encerrado entre alambradas, el refugiado sintió de nuevo la necesidad de tomar fotografías con el fin, según sus propias palabras, de “acompañar a su diario”. ¿Por qué coincidió para Centelles su condición de internado y su voluntad de crear, de producir, de testimoniar? ¿Qué significa crear imágenes cuando uno se encuentra recluido, cuando se siente desaparecer en medio de ninguna parte? ¿Aferrarse a su cámara fotográfica y fragmentar lo real, era una forma de resistir? ¿Cómo se convierte el hecho de fotografiar en una necesidad cotidiana, un acto de resistencia, una fuente de esperanza y de cohesión?

El teaser que presento este año en Cinema Jove dentro del ciclo dedicado a La fémis muestra que Un regard pas à pas es todavía un work in progress, un film soñado que espero que algún día se haga realidad.

Rocío Alcalá del Olmo

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NATASHA

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a Natasha. Fue hace ya unos cuantos años, cuatro para ser exactos. Yo estaba preparando la tvmovie Omar Martínez. Ya habíamos hecho varias pruebas y habíamos barajado varios nombres para interpretar a la protagonista. Teníamos a Younes Bachir para nuestro protagonista masculino, un marroquí en situación irregular que participa en combates de boxeo con un nombre falso. Luego llegó Alex Brendemühl para el otro prota. Buscábamos a una actriz que interpretara a Olga, una ucraniana en situación ilegal en nuestro país de la que acaban enamorándose nuestros dos protagonistas. Debía estar a la altura de estos dos grandes actores. He de reconocer que, inicialmente, yo había imaginado al personaje de Olga con otras características físicas. Buscaba a alguien más terrenal. Y digo más terrenal porque la primera vez que ves a Natasha tienes la sensación de estar ante un ser etéreo, casi divino. Así es su belleza. No parece de este mundo. Recuerdo una secuencia de Omar Martínez que define, por un lado, el tipo de belleza del que hablo y, por otro, sus cualidades como actriz. En una de las secuencias Omar, en un gesto de renuncia ante un amor que él consideraba imposible, le confiesa que va a volver a su país y le pide que se quede con su mejor amigo, a pesar de que ella está enamorada de Omar. Natasha fue capaz de conjugar en esa secuencia la contención que requería una renuncia con la que no estaba de acuerdo pero que iba a respetar porque quien se lo pedía era la persona amada, con la desesperación que mostraban sus bellos ojos ante una situación como esa. Algo muy complejo sólo al alcance de las grandes actrices.

Por eso no me sorprendió que Julio Medem la llamara para su última película. Sin duda supo ver las mismas cualidades que vimos otros anteriormente y que, sin duda, hacen  tenga un excelente “futuro de cine”.

Pau Martínez

Hi Ben!!

Otto Preminger, Terence Young, Walter Grauman, Peter Bogdanovich, David Mamet, Spike Lee, Lars  von Trier, Joel Coen… son algunos de los renombrados directores para los que ha trabajado. Si revisamos su extensa filmografía podemos encontrar participaciones sorprendentes en apuestas arriesgadas con directores como John Turturro, Vincent Gallo e incluso Todd Solondz. Supo y pudo tener el ojo para otro cine, fuera de los USA. Entre otros trabajó con Mira Nair, Krakowski… y no pudo evitar la llamada de la sangre italiana, compartió cartel con la Magnani, rodó con Fellini, con Ferreri….
Toda esta trayectoria grande y singular fue reconocida por Cinema Jove en el ’94, año en el que se le otorgó el premio honorífico. En esa misma visita a nuestra ciudad concedió una entrevista en la que decía que: “…cuando se te otorgan premios y dedican homenajes es  porque se preparan para tu funeral…” Un tipo irónico, incluso sarcástico, honesto y claro. Siempre ha tenido un toque de duro, de fanfarrón, sin perder ese halo humano (casi siempre pegado a su puro Royal Jamaica).
Para mí, la imagen de Gazzara siempre irá unida a John Cassavetes. Y pienso que su carrera no hubiera sido lo mismo sin esta amistad. La directora francesa Claire Denis le veía de esta manera: “Creo que no hay un actor que me haya gustado tanto como Ben Gazzara en The Killing of a Chinese Bookie”. En otra película que hizo con su amigo Cassavetes (“Opening night”) retrata perfectamente su vínculo con el teatro, de donde proviene y donde siempre ha regresado. Peter Falk (el tercer marido) afirmaba que Ben es el más italiano y más vanidoso de los tres. Se refiere a su participación en “Husbands” otra obra maestra de Cassavetes en la que Gazzara, junto con Falk y el propio Cassavetes retratan una amistad verdadera que se sumerge en la “ficción de la pantalla”. Gazzara tiene “lo del actor”  por excelencia que exige Cassavetes (el papel no se interpreta, se vive, debe venir del corazón). Ben es un cúmulo de emociones y “fisicidad” donde tiene lugar lo más humano y verdadero de la persona, que va de lo más miserable a lo más grandioso.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ben_Gazzara

CELEBRANDO CON THOMAS

Aparte de ser un tio guapo, que lo es, este tio hace cine. Thomas llegó a Valencia, por tercer año con esa pinta de rockero danés que se va a marcar un rock’n’roll taciturno. En esta tercera entrega de Vinterberg en Valencia tuve la suerte de poder entrevistarle. Vale, mi inglés no es para echar cohetes, pero mirad el vídeo y veréis como se le entiende a la perfección. Os dejo algunos de los extractos de la ‘interview’ que le hice.

Celebración

Era una historia verdadera que ocurrió y la había oído en la radio. La encontré tremendamente impactante. En mi país en los 90 era una ruptura de los tabús hablar de los abusos infantiles. Encontré una historia escandalosa que se ajustaba al concepto del Dogma. Me inspiré en ‘Fanny y Alexander’ y hasta ‘robé’ una escena de esa película. Es cuando todos corren dentro de la casa. Bergman la robó a su vez de ‘El gatopardo’, así que es en la tercera película en que ocurre.

Las reglas del Dogma, cómo no

Las que más me gustaban eran las específicas. Lo de la cámara en mano o nada de luces extras, que eran realmente simples. Cuando juegas como un chiquillo a indios y vaqueros dices: ¡Te disparo! Tienes que contar hasta diez antes de volver a levantarte. Es muy inspirador y creas una atmósfera buena. Como los niños otra vez.

Las reglas más complejas eran las ‘débiles’. ‘Nada de clásicas historias’ era una de las reglas. Es realmente difícil porque, ¿qué es exactamente una estructura clásica? Hubo mucha discusión sobre esto.

La idea detrás del Dogma era despojar al cine. Significaba quitar todas las reglas que ocurren entre la pantalla y el público. Quitar maquillaje, nada de atrezzo extra, nada de sets, nada de sonido extra ni música, la cámara irá siempre en la mano, nada de acciones artificiales, nada de focos o armas, nada de muertes, fuera todo eso. Intentamos crear algo tan puro y expresivo como fuera posible. Y también intentamos romper las convenciones para saber qué rodar.

Él y Lars Von Trier haciendo ‘Querida Wendy”

Lars es un genio matemático, provocador, y ve el mundo desde arriba, y mueve a sus personajes como si fueran piezas, y les pone filosófica y emocionalmente en situaciones muy complejas. Creamos vidas en el guión, vida emocional y Lars lo acercó a mi universo. Los dos sabíamos qué hacer y nos respetamos. Fue una gran colaboración.

El cine que le interesa a Vinterberg

En este momento el cine europeo es más interesante que el americano, que está paralizado por la crisis mundial, con una tendencia al mainstream. La última película interesante que vi de los Estados Unidos fue ‘El asesinato de Jesse James…’, y es que la encontré muy buena.

Tenéis más en gabkarwai. Y si os interesa, en el vídeo habla del videoclip que le hizo a Blur. De nada.

gabkarwai

1993, Corman: Un premio a la constancia

Pese a la innegable calidad de muchas de sus películas, seguramente lo más destacable en el historial de Roger Corman haya sido su extensísima filmografía y la excelente gestión que ha hecho siempre de los recursos económicos. Más de cien películas y en ninguna perdió dinero. Todo un récord. Y más cuando Corman ha trabajado casi siempre fuera del ámbito de las grandes productoras y por lo tanto ha producido habitualmente con presupuestos muy bajos en comparación con otros. Esto le ha obligado a olvidarse de las grandes estrellas y contratar actores principiantes o de bajo caché, a reciclar materiales y decorados, acortar de forma drástica el tiempo de rodaje y a explotar al máximo la imaginación.

El resultado de esa manera de hacer se ve plasmado con bastante frecuencia en sus películas, muchas de las cuales se han encuadrado en el cine fantástico de terror e intriga. El suyo es un cine atípico, donde no faltan los toques chuscos, los detalles cutres, la mezclas que chirrían ni el desbordamiento continuo de los límites y las exigencias de los géneros. Todo eso ha conferido un estilo muy propio a Corman, y le ha convertido en un cineasta que reúne opiniones muy variopintas en torno a sus películas. Para algunos cinéfilos (o tal vez para muchos, no lo sé) es un autor de culto, por encima de su numerosa producción con etiqueta de serie B. Algunos de sus títulos han sido calificados de obra maestra por la crítica y algunos otros de pequeños disparates. Las que para algunos de sus admiradores son sus mejores películas para otros son las peores. Y así sucesivamente.

Sin embargo ha habido una cierta unanimidad en reconocerle, en los tiempos más actuales, como uno de los grandes olvidados del cine. Cinema Jove, con su homenaje en 1993, se anticipó bastantes años al mayor de los reconocimientos para un cineasta, los Oscar de Hollywood, que Roger Corman recibió en 2009 como merecido premio a una impecable y provechosa carrera de fondo.

LA NOCHE EN QUE INDIANA ESTUVO EN VIVEROS

Durante los casi diez años que llevo dedicados al periodismo cinematográfico, muchos de los momentos más gratificantes e inolvidables que me ha dado este maldito y glorioso oficio tienen que ver con Cinema Jove. Podría escribir líneas y más líneas sobre el cúmulo de sensaciones que me invadieron cuando entrevisté a uno de mis directores británicos favoritos, Stephen Frears, y de esa edición en DVD de Alta fidelidad autografiada que guardo como oro en paño. También podría contaros lo inteligente y humilde que me pareció Daniel Burman, director de la maravillosa El abrazo partido, o cómo resulta imposible charlar con Jordi Vilches sin soltar una carcajada cada dos minutos. Pero no haré nada de eso.

Mi mejor recuerdo de Cinema Jove, el que jamás se borrará de mi mente, no se refiere a un motivo profesional. Tiene que ver, como en la mayoría de los casos, con el amor innato que siento por este arte, con mi yo apasionado y cinéfilo. Fue hace cuatro años, una noche de junio en los jardines de Viveros. En aquella edición, el festival había preparado una retrospectiva acerca del joven Steven Spielberg, quien, dicho sea de paso, es uno de los genios más injustamente vapuleados de la historia y una de las razones de que nunca me canse de ver películas. El caso es que, ese día, tuve la ocasión de saldar una cuenta pendiente conmigo mismo, ya que, por circunstancias puramente vitales (era un retaco de dos años cuando se estrenó) jamás había podido ver En busca del arca perdida en la gran pantalla. Hasta que Cinema Jove convirtió aquel deseo en realidad.

No importa cuántas veces hayas visto esta obra maestra en televisión, en vídeo o DVD. Nada es comparable a contemplar a Indiana Jones mientras corre perseguido por la bola gigante de piedra en una gigantesca pantalla que abarca casi todo tu campo de visión. Esa imagen en concreto la retengo con absoluta nitidez, y mi subconsciente aún me da las gracias. Incluso la música de John Williams sonaba diferente, como familiar y completamente nueva a la vez. Detrás de mí (estaba en segunda fila, faltaría más), la gente se volvía loca de puro entusiasmo, repitiendo cada diálogo y vibrando con cada hazaña del protagonista. A mi lado, una chica escéptica de este tipo de películas, que estaba allí por mí, probando mi valía como novio, o posible novio, se agarraba con fuerza a mi mano. No le gustaba Indiana Jones, pero me acompañó durante aquellas dos horas imposibles de olvidar. Hoy, cuatro años más tarde, casi puedo decir que acabé por convencerla. Y me gusta pensar que aquella noche de junio me ayudó a conseguirlo.

Pau Gómez

JODIDO ALEX

Debía de ser a inicios de los noventa, el 91 o el 92, no lo tengo claro. Yo era un imberbe aspirante a cortometrajista que lo único que había hecho era salir en un corto de actor! (no se volvería a repetir). En aquella época ir a Cinema Jove era para mi como una extensión del videoclub de mi barrio, pero en pantalla grande. Era como descubrir algo prohibido y eso molaba. Con Emilio, el de mi barrio, y más tarde con Xavi, Gonçal, Domènec, Pau,… Nos metimos a ver una proyección de cortos. Vi ‘Mirindas asesinas’ pero no la recuerdo muy bien. Sí que recuerdo de esos años a Alex con su barba de arquero y a Santiago Segura repartiendo octavillas en la puerta de la sala. Tiempo después volveré a esa visión de Alex Angulo esquizoide (para quien no haya visto ‘Mirindas’, a que coño estáis esperando!), la que despertó mi fiebre cinéfila.

Jodido Alex que cambió el rumbo de mi vida. Jodido Alex porque yo iba para abogado (lo repetí varias veces en el bachiller). Jodido Alex porque eso hizo meterme en una escuela de cine, tragar Renoir, Hitchcock, Welles, Jarmusch, Scott, de manera casi compulsiva. Jodido Alex de la Iglesia porque ha hecho de este arte un oficio respetable.

Tal vez Cinema Jove, el Cinema Jove que yo he vivido, le debe mucho al ‘espíritu Mirindas’: reunión de cortometrajistas, proyecciones al aire libre (recuerdo con nitidez ‘El mismo amor, la misma lluvia’ en Viveros), o los ciclos del joven, que en mi caso va unido al de Coppola y la desconcertante ‘La conversación’.

Mi relación con Cinema Jove empieza en Alex, pero continua con Raffi Pitts, con los Pablos y Eduardo (aquella conversación, aquella noche con Rebella sobre industria y cine), con Santi Lorenzo, con Ezequiel Acuña, con Polar, con Vinterberg… pero eso, es otra historia.

¿Recordáis vuestra primera vez con Cinema Jove?

gabkarwai